La feria, organizada por
Diversified, reunió a más de 2.300 empresas de 86 países, consolidándose como
el principal espacio de encuentro de la industria del seafood a nivel global.
En este contexto, la
delegación chilena —integrada por líderes de pueblos originarios costeros,
comunidades locales y pesca artesanal— logró instalar una conversación
relevante sobre el vínculo entre decisiones de mercado, sostenibilidad y
territorios, generando interés entre empresas, organizaciones y actores
internacionales del sector.
Un espacio para
abrir la conversación
A través de un stand
experiencial, la comitiva propuso un formato distinto dentro de la feria: un
espacio para detenerse, sentarse y conversar. Inspirado en los territorios
costeros de Chile, el stand invitó a reflexionar sobre la gobernanza oceánica,
visibilizando el rol de las comunidades en la sostenibilidad de los ecosistemas
marinos.
Durante los tres días, el
espacio recibió a representantes de la industria, compradores internacionales y
organizaciones, quienes participaron en conversaciones guiadas en torno a temas
como trazabilidad, impacto territorial y modelos de producción sostenible.
Desde la
delegación, Yohana Coñuecar Llancapani destacó tanto el interés
generado como los desafíos pendientes en estos espacios: “Pudimos abrir
una conversación que no siempre está presente en estos espacios. Hay interés en
entender cómo se conecta la sostenibilidad con lo que ocurre en los
territorios, y cómo eso impacta directamente en la continuidad de la industria.
Pero también es clave avanzar
en una mayor igualdad de participación, especialmente de mujeres y de
organizaciones más pequeñas. Estos espacios, aunque masivos, deben abrirse a
visibilizar otras economías: de menor escala, más conscientes y con vínculos más
directos con el territorio. El desafío es que esas voces también sean parte de
las decisiones y puedan generar alianzas más reales”, señaló.
En esa línea, Ingrid
Echeverría Huequelef enfatizó la necesidad de avanzar hacia un mayor
diálogo: “La verdad es que no hay mucho relacionamiento directo. Entonces
yo pienso que la industria no debería tener ese miedo o incertidumbre de hablar
con los pueblos originarios o comunidades territoriales.
Más bien debiera abrirse a
estas oportunidades de diálogo, porque es la única manera de hacer sostenible
la relación y evitar conflictos. También es la forma de entender cómo una
actividad puede generar, con o sin conciencia, impactos en el territorio”, indicó.
Proyección y
desafíos
La participación de la
delegación chilena no sólo permitió visibilizar estas perspectivas, sino
también establecer vínculos con actores internacionales interesados en avanzar
hacia modelos más sostenibles e inclusivos.
En un escenario marcado por la
crisis climática y crecientes exigencias en materia de sostenibilidad, la
experiencia dejó en evidencia la necesidad de integrar a las comunidades en la
toma de decisiones como un factor clave para el futuro de la industria.
Por su parte, Elías
Colivoro Chiguay relevó la importancia de incorporar a las comunidades en
la toma de decisiones: “Cuando se incluyen a las comunidades de los
pueblos originarios dentro de cualquier plan de desarrollo cambia toda la perspectiva.
Nosotros habitamos estos territorios, por lo tanto, es fundamental que las actividades económicas consideren nuestra participación activa en la toma de decisiones. Eso no solo es lo más justo, también es clave para que estos procesos sean sostenibles en el tiempo”, afirmó.

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