Su desarrollo depende, en gran
medida, de lograr avances tecnológicos que aseguren la viabilidad económica y,
sobre todo, protejan la fragilidad del ecosistema marino.
Actualmente, la Autoridad
Internacional de los Fondos Marinos (ISA) avanza en la creación del marco
regulatorio para un sector que ya cuenta con 31 contratos de exploración,
enfocados mayoritariamente en nódulos polimetálicos.
Por ahora, esta actividad se
mantiene como una industria en desarrollo, ya que no se observan impactos
significativos de la minería submarina en el mercado específico del cobre para
los próximos 15–20 años.
Sin embargo, esta actividad
exhibe avances concretos que permitirían transformarla en una nueva fuente de
minerales críticos en el largo plazo, con implicancias estratégicas y de
mercado.
La minería submarina es el conjunto de
actividades destinadas a la exploración y extracción de recursos minerales
presentes en el fondo marino.
En los últimos años ha capturado interés
ante la creciente demanda de metales críticos como níquel, cobre, cobalto,
litio y tierras raras, entre otros. Esta industria considera el uso de
tecnología especializada y avanzada como vehículos operados remotamente,
equipos recolectores, sistemas de bombeo buques de apoyo y plantas de
procesamiento especiales y la infraestructura necesaria para acceder y procesar
los minerales de las profundidades del océano.
Actualmente, el Reglamento de Explotación para
la Minería Submarina se encuentra en etapa de confección y de debate por los
países integrantes de la Autoridad de Fondos Marinos (ISA,sigla en inglés ).
En este proceso, se ha podido identificar
tópicos claves que resultan ser altamente complejos para la definición de la
normativa final. Entre estos, la necesidad de mayor investigación sobre el
impacto de la minería submarina en los ecosistemas marinos; la incorporación de
un enfoque preventivo de riesgos para minimizar impactos irreversibles y graves
al medio ambiente y la definición del mecanismo de pagos de regalías por la
explotación de minerales y la posterior distribución equitativa de estos recursos
entre los países.
La presión regulatoria por avanzar en la
confección de la normativa de explotación aumentó debido a que Nauru, país
insular ubicado en Oceanía,invocó la "regla de los dos años"1 en
2021, con el propósito de obligar a la ISA a aprobar el Código de Explotación
en 2023.
Este país es patrocinador de la compañía
Nauru Ocean Resources, filial de la empresa The Metals Company (TMC).
Además, el gobierno de Estados Unidos,
país que no es integrante de la ISA, dictó en abril de este año una orden
ejecutiva que autoriza las operaciones de minería submarina bajo la
jurisdicción estadounidense, sin necesitar la autorización de la ISA. Esto
motivó a TMC a solicitar una licencia para operar bajo la jurisdicción
norteamericana, lo cual también añadió presión a la ISA para avanzar rápido en
la confección del Código de Explotación.
Otras potencias como China también están
impulsando la minería submarina a través de políticas gubernamentales de apoyo
a investigaciones en ciencia y tecnología enfocadas en los fondos oceánicos.
A pesar de lo anterior, numerosos Estados
miembros de la ISA, incluido Chile, han solicitado públicamente una pausa
precautoria para investigar en profundidad los posibles riesgos ambientales de
esta actividad.
En la minería submarina existen tres tipos
de depósitos: los nódulos polimetálicos (PMN) los que corresponden a
concentraciones de níquel, cobre, cobalto y manganeso encontrados
principalmente en la Zona Clarion - Clipperton (CCZ), entre México y Hawái, en
el océano Pacífico.
Adicionalmente, es posible encontrar
sulfuros polimetálicos (SMS) asociados a fuentes hidrotermales con contenido de
cobre, zinc, plomo, oro y plata y las costas de ferromanganeso (CFC), depósitos
ricos en cobalto situados en montes submarinos.
Actualmente, la ISA ha otorgado 31
contratos de exploración, centrándose la mayoría de estos en nódulos
polimetálicos.
Los proyectos de nódulos polimetálicos
analizados en este informe fueron evaluados por las empresas y consultores bajo
un modelo de explotación conjunta de varios metales, siendo el cobre solo un
subproducto, mientras que otros metales como el níquel son los más relevantes
en términos de valor.
Es así como la empresa The Metals Company,
en su estudio de prefactibilidad de agosto de 2025, evaluó la explotación de
níquel, cobalto, cobre y manganeso, estableciendo al níquel como el metal
primario, dado que representa el 45% de los ingresos por tonelada seca de
nódulos2 , mientras que el manganeso el 28%, el cobre el 17% y el cobalto el
9%.
Dada la alta incertidumbre respecto al
progreso de esta industria por materias regulatorias y ambientales, un
horizonte realista para que comience un proyecto a producir sería entre 2032
–2036.
En este contexto, al realizar una
estimación de producción de la minería submarina para el cobre para el período
2032- 20463, desde el inicio productivo y con seis empresas operando (capacidad
de producción de 70 mil toneladas al año (kton/a4 ) cada una), la producción de
cobre alcanzaría un máximo de 373,1kton/a en el período analizado (1,2% de la
producción de cobre refinado de la minería terrestre proyectada en igual
lapso).
Dado el volumen anterior, no se observa
que para el caso específico del cobre exista un impacto en el mercado para los
próximos 15 - 20 años. Cabe indicar que más allá del período evaluado es muy
complejo efectuar una estimación, dada la fuerte incertidumbre respecto al
progreso de esta industria.
Uno de los factores más relevantes que ha
limitado el avance de este tipo de minería es el riesgo de provocar daños
medioambientales, tales como: pérdida de biodiversidad y alteración del hábitat
de especies marinas causada por la operación de equipos; dispersión de
sedimentos en suspensión (pluma), lo que afecta a los organismos al privarlos
de respiración o de alimentos; la contaminación acústica y lumínica generada
por la maquinaria; y la alteración del sustrato del lecho marino.
Estos impactos potenciales son, podrían
ser irreversibles, lo cual es una la razones por las que 37 países, incluido
Chile han justificado solicitar una pausa precautoria a la ISA para que no siga
avanzando esta actividad.
En el presente, existen grandes potencias
interesad as en que esta industria continúe progresando, considerando la
relevancia geopolítica del suministro de minerales críticos.
Sin embargo, su desarrollo dependerá en
gran medida de los adelantos tecnológico s que permitan acotar el potencial
impacto en el medio ambiente, la finalización de la regulación para la
explotación a cargo de la ISA, costos competitivos y las condiciones de precio
s de los metales que permitan hacer viable en términos eco nómicos una
iniciativa de este tipo.

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