
Cristián Troncoso, Gerente de Territorio Industria
Financiera de SAS Chile da su opinión sobre la situación que está viviendo la
economía chilena en tiempos de pandemia.
Desde hace varios meses hemos podido observar
los estragos económicos que ha dejado el COVID-19 en el mundo, probablemente en
algunos países mucho más profundos que en otros.
Si bien Chile hoy también los sufre, esto se suma a un escenario económico complejo por el que atravesaba el país: la crisis social del pasado 18 de octubre. Desde aquella fecha, muchas empresas han enfrentado bajas importantes en sus ventas lo que llevó a cierres provisorios y, en algunos casos, hasta cierres definitivos de negocios.
Ambas situaciones traen consigo la disminución
en el consumo e inversión y un aumento en el número de desempleos en el país,
lo que crea incertidumbre y una desaceleración económica.
De hecho, el pasado viernes 27 de marzo, el Fondo
Monetario Internacional (FMI) declaró que la economía mundial entró en recesión
debido a la crisis sanitaria tras la expansión del Coronavirus.
Su directora, Kristalina Georgieva, señalo que la
recuperación en 2021 dependerá de la contención del virus y si se evita que los
problemas de liquidez se conviertan en problemas de solvencia.

Ante esto, el Banco Central ha adelantado decisiones
sobre su política monetaria y ha comunicado una serie de medidas, como rebaja
de la tasa de interés en un 0,5%, que tienen como objetivo facilitar la
provisión de liquidez y el funcionamiento normal de los mercados de crédito.
Lo cierto es que la banca chilena está trabajando para
ajustarse a la crisis que vivimos hoy en día, beneficiar a sus clientes, y
recibir el menor impacto posible de la situación.
Por esta razón, han implementado una serie de medidas
de apoyo que permitirán descomprimir los compromisos a corto plazo y mediano
plazo (meses de gracia, extender el crédito para disminuir cuotas, flexibilidad
en el otorgamiento de nuevos créditos, entre otros) para poder dar un respiro a
sus clientes.
El punto es lo que depara en el futuro, ya que
si las medidas que se tomen para combatir el COVID-19 se mantienen en el
tiempo, será complejo el sustento de muchas empresas sobre todo PYMEs ya que sus ventas serán afectadas y será
muy complicado para muchas de ellas.

Para lograr esto, es necesario implementar medidas
claras y concretas para clientes (personas y empresas) con el fin de
descomprimir el duro escenario que enfrentan. Estas se deben operativizar de
manera rápida y efectiva, ante lo cual los bancos tendrán que trabajar
coordinadamente con sus respectivas áreas de evaluación de créditos y manejo de
excepciones.
Asimismo, para las entidades financieras es
fundamental contar con soluciones tecnológicas que permitan analizar
millones de datos (Big Data), correlacionarlos con muchas y nuevas variables,
utilizar la inteligencia artificial, si disponen de ella, para evaluar y
predecir distintos escenarios que les permitirá ser proactivos y tomar las decisiones
correctas de cómo apoyar de manera específica y diferenciada a cada uno de sus
clientes.

En estos momentos críticos en los que vivimos, es
importante que la industria financiera esté a la altura de las circunstancias
entregando apoyo proactivo a sus clientes, habilitando canales digitales para
tener respuestas a sus requerimientos. Esto permitirá generar un vínculo futuro
muy potente, que es muy necesario en tiempos de incertidumbre y mucha
desconfianza.
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