En Chile, las cifras dan
cuenta de su peso estructural: de acuerdo con datos recientes del Servicio de
Impuestos Internos (SII), existen alrededor de 1,19 millones de MiPymes, las
que representan cerca del 98% del total de empresas del país y generan aproximadamente
el 43% del empleo nacional. Sin embargo, su aporte a las ventas totales sigue
siendo significativamente menor, lo que evidencia una brecha persistente de
productividad y escala.
“Las MiPymes no solo son el
principal motor del empleo en Chile, sino también el espacio donde se concentra
la mayor parte del emprendimiento real del país. El gran desafío hoy no es solo
sobrevivir, sino avanzar hacia mayores niveles de productividad, innovación y
adopción tecnológica que permitan escalar negocios en el tiempo”, señala María
Isabel Bordones, académica de la Universidad del Alba.
En términos de actividad
económica, el ecosistema mipyme chileno concentra principalmente micro y
pequeñas empresas, muchas de ellas con baja digitalización, acceso limitado a
financiamiento y alta exposición a ciclos económicos. Expertos advierten que este
segmento sigue siendo el principal amortiguador del empleo, pero también el más
vulnerable frente a shocks inflacionarios, alzas de costos y cambios
regulatorios.
Brechas estructurales: empleo
alto, productividad baja
Pese a su relevancia,
distintos estudios recientes muestran que las MiPymes en Chile generan cerca
del 11% al 12% de las ventas totales del país, lo que refleja una fuerte
concentración económica en empresas de mayor tamaño. A ello se suma que una
parte importante de estas unidades opera con baja formalización tecnológica y
limitada capacidad de expansión.
Este escenario ha reabierto el
debate sobre políticas públicas de apoyo, simplificación regulatoria y
fortalecimiento de la digitalización como herramienta de competitividad.
Por ejemplo, a nivel
internacional, las MiPymes representan cerca del 90% de las empresas del mundo
y generan entre el 60% y 70% del empleo global, según estimaciones de
organismos multilaterales. En economías en desarrollo, su rol es aún más
relevante, ya que funcionan como principal fuente de trabajo e inclusión
económica.
Sin embargo, también enfrentan
desafíos comunes: acceso a financiamiento, baja productividad, brechas
tecnológicas y dificultades para internacionalizarse. En este contexto,
expertos coinciden en que la transformación digital se ha convertido en un
factor determinante para su supervivencia y crecimiento.
El desafío digital: acomodarse
al nuevo mundo productivo
"La digitalización dejó
de ser una ventaja competitiva para convertirse en una condición básica de
permanencia en el mercado. Hoy, una pyme que incorpora herramientas digitales
puede mejorar su productividad, llegar a nuevos clientes, optimizar costos y
tomar decisiones basadas en datos, lo que aumenta significativamente sus
posibilidades de crecer", explica María Isabel Bordones de la U. del Alba.
María Hortencia Arancibia,
directora de Asesoría Jurídica de Indra Group para Chile, agrega un dato
importante, en el contexto de la discusión regulatoria de la Inteligencia
Artificial en varios países del mundo.
“Es fundamental hacernos
cargos de que mientras no exista regulación, las compañías tenemos la
responsabilidad de generar políticas que contribuyan a fomentar los niveles de
alfabetización digital, y hacernos cargo de que no solo son herramientas que
nos van a hacer mejorar o contribuir en la productividad o en hacer más
eficientes nuestros procesos, sino que también en generar que ese tiempo que
conseguimos o ganamos en productividad, ver a qué lo destinamos”, dijo en el
programa Impacto Tecnológico de Bio Bio TV.
El debate, coinciden los
expertos, ya no es solo cómo apoyar a las pymes, sino cómo prepararlas para
competir en una economía cada vez más digital, global y expuesta a nuevos
riesgos.
“La digitalización de las ventas ha abierto enormes oportunidades para las pymes, pero también ha ampliado su superficie de exposición a riesgos cibernéticos. Hoy, la ciberseguridad ya no es un lujo: es una condición mínima para operar en el comercio digital, proteger datos de clientes y asegurar la continuidad del negocio”, advierte el académico de la Universidad del Alba.

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