Un trabajador puede copiar un contrato completo en una plataforma para pedir un resumen, ingresar una conversación con un cliente o cargar una planilla con nombres, teléfonos y datos financieros sin que las áreas de tecnología o seguridad se enteren.
Las cifras internacionales muestran que no
se trata de casos aislados. El Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn,
elaborado a partir de una encuesta a 31.000 personas de 31 países, reveló que
el 75% de los trabajadores del conocimiento ya utilizaba inteligencia
artificial en sus labores.
Entre quienes la usaban, un 78% llevaba
sus propias herramientas al trabajo, es decir, recurría a plataformas que no
necesariamente habían sido entregadas o aprobadas por su empleador.
El Enterprise AI and SaaS Data Security
Report 2025 de LayerX, basado en el uso real de plataformas dentro de grandes
empresas, detectó que el 77% de los usuarios de inteligencia artificial
generativa copia y pega información dentro de estas herramientas.
Además, el 22% ingresa datos personales o
relacionados con medios de pago y el 82% de esa actividad se realiza desde
cuentas personales que no están bajo el control de la compañía.
El mismo informe señala que el 40% de los
archivos cargados en aplicaciones de inteligencia artificial contiene
información personal o financiera sensible. Aunque estas cifras corresponden a
mediciones internacionales y Chile todavía no cuenta con un registro oficial
consolidado, muestran la magnitud que puede alcanzar una acción tan sencilla
como copiar y pegar.
“Muchas organizaciones no tienen claridad
sobre qué información están entregando sus trabajadores a las plataformas de
inteligencia artificial.
El
mayor riesgo no está solamente en las herramientas autorizadas, sino en el uso
informal de personas que copian contratos, correos o bases de clientes sin
revisar qué producto, cuenta o configuración están utilizando”, explica Joaquín
Trecic, director de Proyectos de Novelty8.
El problema se vuelve más urgente por la
nueva Ley 21.719, que regula el tratamiento de los datos personales y crea la
Agencia de Protección de Datos Personales. Desde diciembre de 2026, las
empresas deberán informar qué datos utilizan, para qué los necesitan, cuánto
tiempo los conservarán y si serán enviados a otro país.
También tendrán que aplicar medidas de
seguridad desde el diseño de sus sistemas y utilizar únicamente la información
estrictamente necesaria.
La normativa contempla multas de hasta
5.000 UTM para infracciones leves, 10.000 UTM para las graves y 20.000 UTM para
las gravísimas. En casos de reincidencia, las grandes compañías podrían
exponerse a sanciones equivalentes a hasta el 4% de sus ingresos anuales,
dependiendo de la gravedad de la falta.
“La inteligencia artificial ya no puede
implementarse pensando solamente en cuánto tiempo permite ahorrar. También será
necesario revisar qué información utilizará, si existe una base legal para
procesarla, dónde quedará almacenada y qué riesgos puede generar para las
personas. La IA no queda prohibida, pero debe ser gobernable”, señala Trecic.
Entre los antecedentes que no deberían
copiarse en herramientas abiertas o no autorizadas se encuentran contraseñas,
contratos completos, secretos comerciales, información médica y financiera,
datos de menores de edad, huellas digitales, fotografías usadas para
reconocimiento facial y bases que permitan identificar a clientes o
trabajadores.
Tampoco basta con borrar el nombre de una
persona antes de ingresar un documento. Una dirección, un diagnóstico, un
número de cliente, una fecha de nacimiento o la mezcla de varios antecedentes
pueden permitir identificarla nuevamente.
“Eliminar el nombre no siempre significa
que los datos quedaron anónimos. En algunos casos no se elimina el riesgo,
solamente se maquilla. La regla más segura es anonimizar o utilizar información
ficticia antes de probar una herramienta”, advierte el director de Proyectos de
Novelty8.
Otro error es pensar que todas las
versiones de ChatGPT, Copilot, Gemini y otros asistentes funcionan de la misma
manera. Una cuenta personal y gratuita puede tener condiciones de
almacenamiento, administración y privacidad diferentes de una solución empresarial
contratada por la organización.
Por eso, Novelty8 plantea que no basta con
autorizar el uso de “la inteligencia artificial” en general. Cada compañía debe
saber qué producto utilizan sus trabajadores, con qué cuentas ingresan, dónde
se procesan los datos, quién puede acceder a ellos y qué establece el contrato
del proveedor.
“Hoy es fundamental distinguir entre una
inteligencia artificial de consumo y una de uso empresarial. No basta con decir
‘usamos IA’. Hay que saber qué producto, qué cuenta y qué política contractual
se está utilizando”, explica Trecic.
La nueva ley también refuerza las
obligaciones cuando la tecnología toma decisiones o crea perfiles que pueden
afectar significativamente a una persona. Esto podría ocurrir cuando un sistema
filtra candidatos para un empleo, clasifica el riesgo de un cliente o
recomienda aprobar o rechazar un beneficio.
En esos casos, la empresa deberá informar
que existe una decisión automatizada, entregar antecedentes sobre la lógica
utilizada y explicar sus posibles consecuencias. Cuando el sistema implique un
riesgo elevado, tratamiento masivo de información o uso de datos sensibles,
será obligatorio realizar previamente una evaluación de impacto.
Frente a este escenario, Novelty8 propone
comenzar identificando todas las herramientas de inteligencia artificial que se
están utilizando dentro de la organización, incluidas aquellas que los
trabajadores incorporaron por su cuenta.
Después se debe clasificar la información,
definir qué datos pueden ingresarse, cuáles requieren medidas especiales y
cuáles nunca deberían salir de los sistemas internos. La solución también
considera separar cuentas personales y empresariales, controlar los accesos
según el cargo, aplicar verificación en dos pasos, cifrar la información y
mantener registros que permitan conocer quién ingresó, modificó o descargó cada
dato.
La empresa tecnológica recomienda, además,
utilizar información anónima o datos ficticios para probar nuevos sistemas,
revisar los contratos con los proveedores y controlar las transferencias de
información fuera de Chile.
“El error más frecuente es comenzar por la
herramienta y no por el problema que se quiere resolver. Muchas empresas hacen
pruebas con información real, no revisan las condiciones del proveedor y
tampoco definen quién debe aprobar, supervisar o auditar el proyecto”, sostiene
Trecic.
Para Novelty8, la solución no es bloquear
completamente estas plataformas. La inteligencia artificial puede ayudar a
resumir documentos, automatizar procesos, responder consultas y analizar
grandes cantidades de información. El desafío es impedir que cada trabajador
decida por su cuenta qué antecedentes puede compartir.
“Si la inteligencia artificial ya está siendo utilizada en toda la empresa, la prioridad no es prohibirla. Hay que ponerle reglas, controles y responsables. La nueva ley no debería frenar la innovación, sino terminar con la improvisación”, concluye Joaquín Trecic, director de Proyectos de Novelty8.




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