Ese es el principal cambio que
traerá la implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (Open Finance),
contemplado en la Ley Fintec, cuya entrada en operación abre una nueva etapa
para la industria financiera chilena. facilitando el acceso a servicios más
personalizados y promoviendo una mayor competencia e innovación en el sistema.
Con el avance del marco
regulatorio, el foco ahora se traslada a la implementación. Bancos, emisores,
cooperativas, aseguradoras y otros actores regulados deberán adaptar sus
sistemas tecnológicos para cumplir con nuevas exigencias de interoperabilidad, seguridad,
trazabilidad y gestión de datos.
Especialistas del sector
sostienen que el éxito del modelo no dependerá únicamente del cumplimiento de
la normativa, sino también de la capacidad de las instituciones para
intercambiar información de manera segura, administrar los consentimientos de
los usuarios y garantizar la continuidad operacional de servicios considerados
críticos.
"Las finanzas abiertas
están dejando de ser una conversación exclusivamente regulatoria para
convertirse en una capacidad estratégica para la industria financiera. Quienes
logren implementarlas de manera eficiente podrán acelerar la innovación y desarrollar
nuevos servicios para sus clientes", afirma Enrique Álvarez, Deputy
Director de Nuek.
Uno de los principales
desafíos será integrar procesos que hasta ahora funcionaban de manera
independiente, como la autenticación de usuarios, la gestión de
consentimientos, la exposición de APIs, la trazabilidad de las operaciones, la
gobernanza de los datos y el cumplimiento regulatorio.
Según Nuek, empresa
especializada en infraestructura de pagos y finanzas abiertas de Minsait (Indra
Group), las instituciones que enfrenten este proceso únicamente como una
obligación regulatoria podrían perder oportunidades frente a aquellas que lo
incorporen como una herramienta para innovar, fortalecer la colaboración con
fintechs y desarrollar nuevos servicios financieros.
La experiencia chilena será observada de cerca por otros países de América Latina, donde también avanzan iniciativas de Open Finance. Su implementación podría convertir a Chile en un referente regional sobre cómo llevar este modelo desde la regulación a la operación efectiva, impulsando un ecosistema financiero más competitivo, innovador y centrado en las personas.


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