Por Gonzalo
Ferrer, Transport Head Latam de Infracommerce
Durante años
pensamos el transporte como el último eslabón de la cadena. Una instancia
principalmente operativa, muchas veces invisible para el consumidor y, desde la
mirada del negocio, una línea de costo que había que intentar reducir. Pero ese
paradigma quedó atrás.
Hoy, el transporte
es parte de la decisión de compra y uno de los momentos en los que se juega la
confianza del consumidor. El 57% de los consumidores elige en función del envío
gratuito, incluso por encima de encontrar el mejor precio, según datos de FedEx.
La logística dejó de suceder detrás de escena: ahora también forma parte del
marketing.
El cambio parece
simple, pero tiene consecuencias profundas. Cuando una marca promete envío
gratuito, entrega rápida o una fecha determinada, está haciendo una promesa
comercial tan concreta como la que hace sobre el precio o las características
de su producto. Y cumplirla requiere una operación capaz de responder de manera
consistente.
Uno de los errores
más frecuentes es mirar únicamente los indicadores generales. Un SLA global
puede parecer razonable y, al mismo tiempo, esconder zonas donde la experiencia
está muy por debajo de lo esperado.
Lo vimos
recientemente trabajando con una marca que opera en México. Su operación tenía
un SLA global del 72%, pero el indicador por sí solo no permitía entender dónde
estaba el problema. Al analizar y rediseñar la operación haciendo foco en cada
región, en lugar de aplicar una única estrategia para todo el país, logramos
llevar ese nivel de cumplimiento al 97%. Además, redujimos en casi dos días el
tiempo de entrega prometido para el 61% de su volumen de ventas.
La diferencia no
estuvo simplemente en “mejorar el transporte”. Estuvo en dejar de pensar el
país como una única operación logística y entender las particularidades de cada
cliente y su ubicación de residencia.
El segundo gran
desafío aparece cuando la demanda deja de comportarse como un día normal. Los
eventos masivos de eCommerce son probablemente el ejemplo más evidente. En
Chile, durante el CyberMonday el volumen de actividad fue cuatro veces mayor
que el registrado en las semanas habituales, tanto del mismo mes como de otros
meses.
Pretender que un
único proveedor absorba ese crecimiento sin afectar el servicio es una apuesta
demasiado riesgosa. Por eso, una operación resiliente necesita contar con
múltiples couriers realmente activos - no simplemente contratados - y capacidad
para distribuir la carga entre ellos. Así, poder ser elásticos ante el
crecimiento de volumen para momentos puntuales.
Y ahí aparece
quizás el cambio más importante: el transporte ya no debería medirse únicamente
en términos de costo y eficiencia, sino también por su capacidad de generar
confianza y fidelización.
Para el cliente no
existen dos experiencias separadas entre “compré bien” y “me llegó bien”.
Existe una sola experiencia con la marca. Puede haber una gran campaña, un
precio competitivo y un proceso de compra impecable, pero si el pedido llega
tarde, esa es probablemente la parte que el consumidor recuerde.
La logística tiene
algo paradójico: cuando funciona bien, casi no se nota. Pero justamente esa
consistencia - que la promesa se cumpla una y otra vez - es la que construye
confianza.
Por eso, la conversación ya no debería ser solamente cuánto cuesta transportar un pedido. La pregunta que las compañías debieran comenzar a plantearse es cuánto valor genera una entrega bien hecha y cuánto cuesta, en términos de confianza y recompra, una promesa que no se cumple.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario