domingo, 1 de febrero de 2026

Mercado del streaming: Los riesgos y efectos positivos de la compra de Netflix a Warner

¿Estamos en presencia de un futuro monopolio en la industria del entretenimiento? Especialistas abordaron el impacto, lo que conlleva, el proceso que viene y diversas aristas luego que el gigante de las plataformas llegara un acuerdo de adquisición con la mítica franquicia.

El 05 de diciembre de 2025 el mundo del entretenimiento no fue el mismo cuando Netflix anunció la adquisición de Warner Bros.

 Hoy, en enero del 2026, ambos conglomerados anunciaron la modificación de su acuerdo, convirtiéndolo en una transacción íntegramente en efectivo. Todo, en medio de una arremetida tan agresiva como poco realista de Paramount.

 "La Junta Directiva de WBD continúa apoyando y recomendando unánimemente nuestra transacción, y confiamos en que ofrecerá el mejor resultado para los accionistas, los consumidores, los creadores y la comunidad del entretenimiento en general", declaró Ted Sarandos, codirector ejecutivo de Netflix.

Así, esta adquisición deberá pasar por diversas aprobaciones regulatorias por parte de las autoridades antimonopolio, donde se espera un cierre formal de la operación entre finales de 2026 y mediados de 2027.

Además de todo el catálogo de películas como "Harry Potter" o las de "DC Cómics" tipo "The Batman" o "Superman", el acuerdo incluye el servicio streaming HBO Max.

¿Cuál es el alcance de esta compra y sus futuras consecuencias? “El principal alcance de la potencial compra sería una concentración bastante importante en el mercado del video en línea bajo demanda (VOD).

 Si se llega a concretar, esta unión implicaría la suma de más de 400 millones de suscriptores globales, aparte de una enorme biblioteca de contenidos”, sostuvo Ricardo Ramírez, académico de la Escuela de Periodismo de la Usach.

Para el especialista en televisión, algunos analistas han estimado que esta combinación podría implicar el control de entre el 30 y 40 % del mercado de streaming en Estados Unidos. “Esto, en términos antimonopolio, es una concentración muy alta.

No podría, eso sí, necesariamente ser catalogado como un monopolio, pues continúa existiendo la competencia por parte de otras compañías y plataformas de streaming, como Disney+ y Prime Video”, apuntó a Diario Usach. 

Sin embargo, se mostró cauto: “lo anterior no implica que esta no sea una situación alarmante, porque sin duda implica que esta compañía estaría en una posición dominante muy importante en el área del entretenimiento audiovisual”. 

Misma mirada que compartió Leonardo Cabezas, académico del Departamento de Bachillerato en Ciencias y Humanidades de la Universidad de Santiago. 

“Los riesgos para la competencia son que Netflix puede elevar los precios de las suscripciones y tener mayor poder para negociar con distribuidores e intérpretes. También, puede afectar negativamente tener menor diversidad de productores independientes, a quienes se les hará más difícil negociar con una superpotencia del streaming”, dijo. 

Riesgos y efectos positivos 

Para Ricardo Ramírez de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago, los riesgos de esta compra se vislumbrarían en la reducción de la competencia.

“Esto implica que muchos creadores, estudios y productoras más pequeñas podrían perder ofertas competitivas para vender sus proyectos. De la misma manera, cines y organizaciones de distribuidores han advertido que esta unión podría llevar a menos estrenos en cine y una distribución más enfocada en streaming”. 

“Finalmente, menos competidores podría significar menos capacidad para innovar o tomar riesgos creativos, haciendo que se consolide la existencia reiterada de solo algunos géneros y narrativas”, indicó. 

Desde la otra cara de la moneda, Leonardo Cabezas comentó que “un efecto positivo para consumidores podría ser tener catálogo de obras, centralizado en una sola plataforma. Que iría a aliviar la creciente molestia y desidia de las múltiples suscripciones que existen en la actualidad”. 

Bajo este escenario, ahora solo queda esperar que se concrete y oficialice la compra, situación que todavía está lejos de ocurrir.

Cochilco publica informe sobre la Minería Submarina

 La minería submarina se perfila como una fuente estratégica de minerales críticos a largo plazo, con potencial para desarrollar nuevos proyectos. Por eso, esta industria tiene importancia estratégica para los países interesados en su explotación y para aquellos que tienen una industria minera terrestre importante.

Su desarrollo depende, en gran medida, de lograr avances tecnológicos que aseguren la viabilidad económica y, sobre todo, protejan la fragilidad del ecosistema marino.

Actualmente, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) avanza en la creación del marco regulatorio para un sector que ya cuenta con 31 contratos de exploración, enfocados mayoritariamente en nódulos polimetálicos.

Por ahora, esta actividad se mantiene como una industria en desarrollo, ya que no se observan impactos significativos de la minería submarina en el mercado específico del cobre para los próximos 15–20 años.

Sin embargo, esta actividad exhibe avances concretos que permitirían transformarla en una nueva fuente de minerales críticos en el largo plazo, con implicancias estratégicas y de mercado.

La minería submarina es el conjunto de actividades destinadas a la exploración y extracción de recursos minerales presentes en el fondo marino.

En los últimos años ha capturado interés ante la creciente demanda de metales críticos como níquel, cobre, cobalto, litio y tierras raras, entre otros. Esta industria considera el uso de tecnología especializada y avanzada como vehículos operados remotamente, equipos recolectores, sistemas de bombeo buques de apoyo y plantas de procesamiento especiales y la infraestructura necesaria para acceder y procesar los minerales de las profundidades del océano.

 Actualmente, el Reglamento de Explotación para la Minería Submarina se encuentra en etapa de confección y de debate por los países integrantes de la Autoridad de Fondos Marinos (ISA,sigla en inglés ).

En este proceso, se ha podido identificar tópicos claves que resultan ser altamente complejos para la definición de la normativa final. Entre estos, la necesidad de mayor investigación sobre el impacto de la minería submarina en los ecosistemas marinos; la incorporación de un enfoque preventivo de riesgos para minimizar impactos irreversibles y graves al medio ambiente y la definición del mecanismo de pagos de regalías por la explotación de minerales y la posterior distribución equitativa de estos recursos entre los países.

La presión regulatoria por avanzar en la confección de la normativa de explotación aumentó debido a que Nauru, país insular ubicado en Oceanía,invocó la "regla de los dos años"1 en 2021, con el propósito de obligar a la ISA a aprobar el Código de Explotación en 2023.

Este país es patrocinador de la compañía Nauru Ocean Resources, filial de la empresa The Metals Company (TMC).

Además, el gobierno de Estados Unidos, país que no es integrante de la ISA, dictó en abril de este año una orden ejecutiva que autoriza las operaciones de minería submarina bajo la jurisdicción estadounidense, sin necesitar la autorización de la ISA. Esto motivó a TMC a solicitar una licencia para operar bajo la jurisdicción norteamericana, lo cual también añadió presión a la ISA para avanzar rápido en la confección del Código de Explotación.

Otras potencias como China también están impulsando la minería submarina a través de políticas gubernamentales de apoyo a investigaciones en ciencia y tecnología enfocadas en los fondos oceánicos.

A pesar de lo anterior, numerosos Estados miembros de la ISA, incluido Chile, han solicitado públicamente una pausa precautoria para investigar en profundidad los posibles riesgos ambientales de esta actividad.

En la minería submarina existen tres tipos de depósitos: los nódulos polimetálicos (PMN) los que corresponden a concentraciones de níquel, cobre, cobalto y manganeso encontrados principalmente en la Zona Clarion - Clipperton (CCZ), entre México y Hawái, en el océano Pacífico.

Adicionalmente, es posible encontrar sulfuros polimetálicos (SMS) asociados a fuentes hidrotermales con contenido de cobre, zinc, plomo, oro y plata y las costas de ferromanganeso (CFC), depósitos ricos en cobalto situados en montes submarinos.

Actualmente, la ISA ha otorgado 31 contratos de exploración, centrándose la mayoría de estos en nódulos polimetálicos.

Los proyectos de nódulos polimetálicos analizados en este informe fueron evaluados por las empresas y consultores bajo un modelo de explotación conjunta de varios metales, siendo el cobre solo un subproducto, mientras que otros metales como el níquel son los más relevantes en términos de valor.

Es así como la empresa The Metals Company, en su estudio de prefactibilidad de agosto de 2025, evaluó la explotación de níquel, cobalto, cobre y manganeso, estableciendo al níquel como el metal primario, dado que representa el 45% de los ingresos por tonelada seca de nódulos2 , mientras que el manganeso el 28%, el cobre el 17% y el cobalto el 9%.

Dada la alta incertidumbre respecto al progreso de esta industria por materias regulatorias y ambientales, un horizonte realista para que comience un proyecto a producir sería entre 2032 –2036.

En este contexto, al realizar una estimación de producción de la minería submarina para el cobre para el período 2032- 20463, desde el inicio productivo y con seis empresas operando (capacidad de producción de 70 mil toneladas al año (kton/a4 ) cada una), la producción de cobre alcanzaría un máximo de 373,1kton/a en el período analizado (1,2% de la producción de cobre refinado de la minería terrestre proyectada en igual lapso).

Dado el volumen anterior, no se observa que para el caso específico del cobre exista un impacto en el mercado para los próximos 15 - 20 años. Cabe indicar que más allá del período evaluado es muy complejo efectuar una estimación, dada la fuerte incertidumbre respecto al progreso de esta industria.

Uno de los factores más relevantes que ha limitado el avance de este tipo de minería es el riesgo de provocar daños medioambientales, tales como: pérdida de biodiversidad y alteración del hábitat de especies marinas causada por la operación de equipos; dispersión de sedimentos en suspensión (pluma), lo que afecta a los organismos al privarlos de respiración o de alimentos; la contaminación acústica y lumínica generada por la maquinaria; y la alteración del sustrato del lecho marino.

Estos impactos potenciales son, podrían ser irreversibles, lo cual es una la razones por las que 37 países, incluido Chile han justificado solicitar una pausa precautoria a la ISA para que no siga avanzando esta actividad.

En el presente, existen grandes potencias interesad as en que esta industria continúe progresando, considerando la relevancia geopolítica del suministro de minerales críticos.

Sin embargo, su desarrollo dependerá en gran medida de los adelantos tecnológico s que permitan acotar el potencial impacto en el medio ambiente, la finalización de la regulación para la explotación a cargo de la ISA, costos competitivos y las condiciones de precio s de los metales que permitan hacer viable en términos eco nómicos una iniciativa de este tipo.

La confianza es el nuevo precio de la personalización

 La personalización promete conversión, pero hoy la conversión tiene precio: la confianza. 

En 2026, las marcas ya no competirán solo por creatividad, innovación tecnológica o presencia digital, sino por algo más frágil y decisivo: la certeza de que los datos de las personas están siendo utilizados con criterio, transparencia y responsabilidad.

En un mercado saturado de estímulos, la confianza digital se ha convertido en el verdadero capital de marca.

Durante años, la gestión de datos fue tratada como un asunto legal o técnico. Avisos extensos, cumplimiento normativo y procesos internos bastaban para “cubrir el expediente”. Estudios como Why digital trust truly matters ayudaron a establecer que la confianza en el uso de datos influye directamente en decisiones de compra y crecimiento.

 Hoy, ese diagnóstico ya no es teórico. El Global Digital Trust Insights 2026 confirma que la confianza digital se ha trasladado al centro de la estrategia empresarial: líderes y consejos directivos la reconocen como un factor crítico que conecta reputación, relación con el cliente y desempeño de negocio. La ética en el manejo de datos dejó de ser una medida preventiva y se convirtió en un habilitador de crecimiento.

“La confianza no se construye con promesas, se construye con experiencias claras y consistentes”, explica Tere Velasco, Social Media director en another. 

“Las personas saben que sus datos se usan; lo que ya no aceptan es no entender cómo ni para qué. Cuando una marca explica el intercambio de valor de forma simple y honesta, la relación deja de sentirse invasiva y empieza a sentirse legítima”.

El impacto de esta transformación es medible. Privacy Benchmark Study 2026 muestra que una proporción significativa de consumidores está dispuesta a abandonar marcas en las que no confía en el manejo de su información, mientras que aquellas que demuestran prácticas sólidas de privacidad y protección de datos registran mayores niveles de preferencia y lealtad.

 La confianza, lejos de ser un valor abstracto, influye directamente en decisiones de compra, permanencia y disposición a pagar más por una marca.

Este cambio también está redefiniendo el propio rol del marketing. La desaparición de las cookies de terceros y el auge del first-party y zero-party data han trasladado el poder hacia el consumidor. El dato ya no se captura de forma silenciosa; se solicita.

 Y esa solicitud exige una propuesta clara de valor. Según Think with Google, las personas esperan mayor control, claridad y beneficios tangibles cuando comparten su información, lo que obliga a las marcas a diseñar experiencias donde la personalización se perciba útil, no intrusiva.

“La ética de datos se juega en los detalles”, añade Tere Velasco. “Desde cómo solicitas el consentimiento hasta cómo lo explicas en un lenguaje humano. En social y performance, eso significa crear experiencias donde el dato sirva para mejorar la interacción, no para vigilar al usuario. Cuando la personalización se siente invasiva, la confianza se rompe; cuando se siente útil, se fortalece”.

La aceleración de la inteligencia artificial ha elevado aún más la exigencia. Algoritmos que segmentan, recomiendan y optimizan en tiempo real amplifican tanto los aciertos como los errores.

El llamado black box marketing —decisiones automatizadas sin explicación clara— se ha convertido en un riesgo reputacional. Las audiencias quieren saber cuándo interactúan con sistemas automatizados y cómo se utilizan sus datos para entrenar modelos.

En este contexto, la ética en el uso de IA deja de ser un debate académico para convertirse en un factor de legitimidad.

Pero más allá de la tecnología, lo que está en juego es la relación a largo plazo. Estudios como el State of Digital Trust Report muestra que la transparencia en el uso de datos se ha convertido en el principal factor para generar confianza: el 44% de los consumidores señala que entender claramente cómo se utiliza su información es clave para confiar en una marca.

Al mismo tiempo, una mayoría expresa incomodidad cuando las políticas de datos se perciben opacas o excesivamente técnicas. La transparencia dejó de ser un gesto de buena voluntad para convertirse en una expectativa básica que define si una relación se sostiene o se rompe.

Para las marcas, el reto es cultural. No se trata solo de cumplir regulaciones o implementar nuevas herramientas, sino de incorporar la confianza digital como parte de la narrativa y de la operación diaria. Explicar cómo se usan los datos, por qué se solicitan y qué obtiene la persona a cambio se vuelve tan importante como el mensaje creativo o la pauta.

“Las marcas que entiendan esto van a dejar de hablar de privacidad como un tema legal y van a empezar a vivirla como una promesa de marca”, concluye la experta de another, agencia independiente de comunicación estratégica.

“La confianza digital no se recolecta como un dato más: se construye con coherencia, con decisiones visibles y con respeto constante por las personas”.

En 2026, el marketing más efectivo no será el más automatizado ni el más invasivo, sino el más claro. En un entorno donde la personalización y la IA lo aceleran todo, la ética se convierte en el verdadero diferenciador. Porque al final, la confianza no se optimiza: se gana o se pierde.

Sobre Another

Fundada en 2004 por Jaspar Eyears y Rodrigo Peñafiel, another es una agencia líder en comunicación estrat que ofrece servicios de relaciones públicas, comunicación digital, marketing de influencia, redes sociales, branding, marketing de contenidos, creatividad y diseño, y experiencias de marca.

Galardonada con múltiples premios SABRE y Latin American Excellence Awards, another establece estándares de excelencia al ofrecer estrategias innovadoras y orientadas a resultados que resuenan culturalmente y fortalecen las marcas. 

Another cuenta con oficinas en México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Panamá y Perú, y con un alcance que se extiende por toda América Latina, Canadá y Europa, lo que le permite ofrecer soluciones completas de comunicación en toda la región.

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